viernes, 16 de enero de 2009

Cuadrados los tienen

Hola a todos de nuevo. Siento no haber escrito antes, pero me han pasado muchas cosas esta semana. Empezaré por la vuelta a Berlín y dejo para más adelante el retorno al tono habitual del blog.

El pasado 11 de Enero volví a Berlín, pero no fue fácil. Mi viaje comenzó a las 9 de la mañana en la estación de Delicias con un AVE. Fue un viaje tranquilo, aunque estaba algo preocupado por las recientes noticias sobre el cierre de Barajas el jueves pasado, además de la supuesta huelga de celo de los pilotos de Iberia, compañía con la que iba a volar.

Llegamos con cierto retraso a la estación de Atocha. Según nos informaron, debido a la nieve tomaron la precaución de bajar un poco la velocidad. Yo tenía tiempo de sobra: mi vuelo no salía hasta dentro de 5 horas.

De ahí café y metro a la T4. Al llegar, sobre las 12 porque perdí un poco de tiempo, la situación parecía normal: no se veían gentes dormitando por las esquinas, ni personas histéricas ni nada. Bueno, tal vez ya esté la cosa más normalizada, pensé. Miro las pantallas: vuelo IB3548 con destino Berlín, salida programada a las 15:50, ningún aviso. Facturo la maleta después de flejarla con plástico. Me ofrecen un seguro de pérdida por 3€ adicionales. Les digo que no, que ya vale de gastar perras.

Entro en la zona de embarque, puerta K82. Un precioso A319 no está esperando en la pista, mientras le están cargando nuestras maletas. A las 15:10 nos llaman a embarcar, todo parece normal.

Cuando ya estamos en la fila para entrar, nos dice la azafata que hay un retraso por falta de tripulación. Uyuyuyuy que mala espina me da esto. Nos dan una hora de espera. Un señor polaco de la fila y una pareja sueca me preguntan por la situación, porque no dan la información en inglés. Les explico lo de la nevada y lo de la huelga. Se quedan un poco perplejos, sobre todo los suecos, que me cuentan que llevan intentando volver a Estocolmo desde el Jueves y les han cancelado ya dos vuelos, pero que nadie les había dicho nada de una huelga.

A las 16:30 sale un aviso en las pantallas: esperar hasta las 17:30. En la entrada de embarque, en vez de personal de Iberia, había un encargado para minusválidos, que ni sabía nada ni aún menos hablaba inglés. Nos susurra que la tripulación no quiere volar.

A las 17:30 sale un nuevo aviso, fugazmente, que debemos esperar hasta las 18:30, para a continuación poner que a las 23:00. Uy, esto es serio. Lo mejor será ir a información.

Voy a atención al cliente. Le gente está nerviosísima. Nadie sabe que va a pasar ni nada. Corren rumores de que lo cancelan, de que no, que nos meterán en otro vuelo...

Al final 3 horas estuve haciendo cola. Durante ese tiempo hice amigos. Un chaval de Sevilla que iba a Magdeburgo desde Berlín, y una pareja, ella de Toledo, él de Turquía, que vivían en Berlín. Había gente de muchos otros vuelos, todos de los nervios. De vez en cuando el turco iba a mirar las pantallas, pero nunca ponía nada nuevo, hasta que nuestro vuelo desapareció. Más de la mitad cancelados, los demás con retraso. Un par de veces oímos a gente aplaudir cuando aparecía una tripulación. A la hora de estar ahí vino una señorita de Iberia que llamó a los de Berlín, pero sin especificar que vuelo, ofreciendo un sello para comer gratis en un restaurante, pero sin informar de nada. Buena jugada, casi 40 personas dejaron la cola, pero yo no. Finalmente llegué a la ventanilla. La señora de Toledo estaba completamente histérica. No había ayuda nada que el sevillano, su marido y yo nos hubiéramos tirado las 3 horas diciendo tontadas (la verdad es que me lo pase de puta madre con ellos). La señorita que nos atendía también estaba de los nervios, normal. La otra no hacía más que gritarle, y seguramente no sería la primera de la tarde. Al final, cuando la toledana se cansó de gritarle, y se fue a gritarle al marido, yo, con toda mi buena educación y paciencia, le pregunté a la señorita por nuestras opciones. Me dijo que en 5 minutos salía otro vuelo a Berlín y que podíamos montar. Muy confundido le pregunté detalles: no tenemos billete para ese vuelo, no sabemos dónde está, no sabemos qué pasará con el equipaje… Yo que tu correría, porque igual no cabéis todos, me suelta.

No sé muy bien porque lo hice, pero eché a correr. Estaba en la otra punta de la terminal. Por el camino me encontré con otro pasajero del vuelo. Le cuento la situación. Él no sabía nada. Corre a decírselo a los demás. Nadie les había avisado al resto del pasaje. En las pantallas sigue sin poner nada.

Por fin llego a la puerta H4. El avión aún está en la pista. Llaman primero a los del vuelo IB3546, que es el otro retrasado. Luego nos llaman a nosotros, diciendo que han transferido los datos de nuestro primer vuelo. Pero la cosa está en que iba llegando la gente, pero no decían cuántas plazas teníamos libres, así que podíamos quedarnos en tierra. Los pasajeros se amontonaban alrededor de la mesa de las azafatas para embarcar, porque debían comprobar uno por uno en el ordenador. Iban muy lentas y los nervios iban empeorando. Yo conseguí que me hicieran caso soltándoles alguna chorrada de las mías que les hizo gracia y entré de los primeros.

Mi sorpresa fue mayor al entrar dentro del avión y verlo medio vacío: había sitio de sobras para todos. Con solo haber dicho eso, los pasajeros habrían hecho una cola ordenada y se habrían evitado el follón. Cuando me siento son las 9 de la noche.

Media hora después había dejado de entrar gente al avión. En esto que pasa la sobrecargo contando asientos vacíos, tranquilamente, sin prisas. Termina y vuelve a la terminal. A continuación entran unas 30 personas más a las que ya se les había dicho que igual no volaban. Sus caras eran como poemas.

Pero aquí no acaba la cosa amiguitos. Una hora nos tuvieron sentados en el avión, porque nos dijeron que estaban cargando nuestros equipajes desde el primer avión al segundo. Bueno, a ver si es verdad, pensé.

A las 10:30 estábamos despegando. El viaje fue muy tranquilo, al menos para mí, porque había un par de señoras con niños pequeños que se estaban quedando sin pañales y sin nervios. En concreto, hubo una que le pidió ayuda a la sobrecargo para cambiar a su hijo, y va la inútil y deja el pañal nuevo sobre una mesa mojada. Y encima se puso a gritar a la pasajera que no era su culpa y patatín y patatan, con el pobre crio llorando.

Llegamos a Berlín a la 1:30 de la mañana, pero en vez de aterrizar en el aeropuerto de Tegel, nos llevan a Schönefeld, que está en el culo del mundo. Nos cuentan que nos han puesto dos buses, uno que nos llevará a Tegel y otro a la estación de tren del centro.

Vamos a coger las maletas y… no aparecen. Salieron unas pocas que fueron recogidas, pero de las nuestras nada. Eso sí, salió una tirada de maletas (en plan 12 o 15) que nadie recogió, y que nadie sabía de quien eran. Ala, a reclamar equipaje. Afortunadamente ya nos estaban esperando, y dos chiquillas nos atendieron para poder reclamar la maleta. A las 3:30 estaba cogiendo el autobús para ir a la estación de tren Hauptbahnhof. Acompañé al chaval sevillano, que se tenía que ir hasta Magdeburgo (a unos 120 km de Berlín), y ya nos habíamos hecho amigos. Total, que tenía tren a las 5, así que esperé con él en el McDonalds hasta que se fue. Llegué a casa a las 6 de la mañana.

Y bueno, para rematar, al día siguiente fui a poner una reclamación a Iberia y a preguntar por la maleta, que ya me imaginaba que iba a ver más mundo que yo. Me dijeron que ni sabían dónde estaba. Afortunadamente al día siguiente (Martes 13) me llamaron para decir que ya la tenían y que me la llevaban a casa esa misma mañana. Llegó en perfecto estado.

Y esa es la historia de mi regreso. Afortunadamente pude volver a Berlín y solo tuve que estar un día sin mis cosas. Todos los compañeros de la residencia se volcaron en ayudarme por si me hacía falta algo ¡muchas gracias!

El caos vivido en Barajas pone en entredicho la capacidad de que un país como España, puerta de Europa a América Latina, pueda manejar una crisis de estas dimensiones. No podemos pretender ser una potencia europea con el tráfico aéreo de todo el país paralizado durante una semana. Porque esa es otra: casi todo el tráfico internacional se opera en Madrid, un sistema de transporte centralista que aún arrastramos y que nos lleva a situaciones como estas.

En fin, que si a alguno os pasa esto (espero que no), os doy unos pocos consejos:

-Paciencia y buena educación: son contagiosas. Si hablas correctamente y tranquilo, recibirás respuestas en el mismo tono.
-Ayuda a los pasajeros extranjeros a traducirles la información: podrías ser tu el que no se enterase de nada porque solo te hablan en un idioma extraño.
-Conoce tus derechos como pasajero. En la página de AENA se encuentra el Reglamento CE 261/2004 sobre cancelación y grandes retrasos: la compañía debe ofrecerte comida, bebida y, si es el caso, una habitación de hotel y el transporte hasta la misma. Además también deben devolverte el importe del billete si decides no esperarles o un vuelo alternativo y compensaciones económicas. Derechos del pasajero (pdf).

Y todo esto porque a nuestros pilotos no les dió la máldita gana de volar. Mis condolencias sobre su precaria situación laboral. Como los tienen.

2 comentarios:

Jota dijo...

¡¡Ni la odisea de Homero!!! menuda anécdota mas maja XD

ana.organización dijo...

En fin, me he reído mucho con esto, aunque supongo que tú en aquel momento no estarías para muchas risas.

:-)