domingo, 4 de abril de 2010

Reflexiones

En el año 3000 tenía un puñado de amigos, un trabajo mal pagado y una cama calentita. Lo tenía todo, y no envidiaba a nadie.

Frase dicha por Fry, personaje de Futurama, en el capítulo 19 de la segunda temporada, “La mujer criónica”.

Para los que no estén familiarizados con esta serie, se basa en las aventuras de un perdedor que se congela por accidente durante mil años, reapareciendo en Nueva (Nueva) York en el año 3000, donde todo es diferente. En este capítulo, Fry se encuentra con su antigua novia del siglo XX, la cual también se había crionizado. Michelle, que así se llama esta chica, se casó después de que Fry desapareciera en el año 2000. Su marido le puso los cuernos con otra mujer y por ello tomó la decisión de huir al futuro.

Fry le enseña la nueva sociedad, donde los museos se componen de gente obesa con la tripa tatuada, los aliens conviven con los humanos y su grupo de amigos es una panda de monstruitos, donde la más normal es una chica de Marte. Fry está encantado de tener a su novia de vuelta, pero ella no consigue encajar en este extraño mundo del futuro.

La idea de viajar al futuro parece fascinante. Romper con todo lo conocido, con tus problemas, empezar de cero en un lugar donde se te abren todas las posibilidades ante tí. Todo se puede hacer, todo está permitido, no tienes límites. Seguramente eso es lo que pensó Michelle al ver como su mundo se derrumbaba al dejarle su marido. Pero ¿realmente es lo que ella quería? Ella había consagrado su vida a encajar en la sociedad. Sabía como moverse, de qué temas hablar con la gente, donde relacionarse, los lugares de moda, la ropa que se llevaba. E iba a triunfar. Porque el objetivo de la sociedad del siglo XX es triunfar. Ganar más dinero, tener un coche más grande, una casa más grande, un marido o mujer más guapos y mejor amantes. Y no obstante, aunque tenía su camino marcado, no era feliz. Pensaba que lo era, pero tras perder su castillo de princesa de arena, no sabe que hacer. Y decide ir a donde parece que quiere ir todo el mundo, donde la gente huye en busca de felicidad.

Y allí se encuentra a Fry. Su antiguo novio, pero más bien antigua marioneta. Un don nadie, ninguneado por todos por no encajar en la sociedad. Pero ahora resulta que Fry es feliz. Ha encontrado su sitio en el mundo, donde las antiguas reglas no valen. Donde no hace falta tener una cartera abultada para ser feliz. El arte, la música, la comida, la gente... todo es diferente. De donde él viene, a nadie en su sano juicio le gustaría, pero para él eso lo hace incluso más fascinante.

Michelle, por el contrario, no lleva nada bien el cambio. Pensó que encontraría la felicidad en el año 3000. No se paró a pensar que el cambio sería completamente radical. Qué tal vez todo lo que daba por supuesto sólo era humo a su alrededor. Y que la superficialidad que le rodeaba le había, paradojicamente, penetrado hasta los huesos. Al ver que el mundo ya no era su mundo, que el sistema ya no existía para satisfacerla, es presa del pánico. Esta sola, y su único nexo es precisamente a quién no aceptó. No obstante Fry es una buena persona, y no le importa lo que ocurrió en el pasado. Ahora es feliz de ayudarla a que se adapte, una ayuda que él nunca recibió.

¿Qué hace ella? No puede cambiar, necesita su antigua vida pero no puede volver a ella. No puede quedarse donde está, pero ahora teme que un nuevo cambio podría conducirle a otra situación tal vez peor. Así que arrastrará con ella a Fry para volver a congelarse otros 1000 años, despertando en un futuro apocalíptico donde no queda nada.

¿Has llegado hasta aquí leyendo? Bien, porque ahora viene la razón a todo este cuento. Porque este cuento va dirigido a tí. El siglo XX es tu ciudad, y el año 3000 es Berlín. En la vida se te pasó por la cabeza que aquí no serías la reina del baile Aquí los monstruitos a los que señalabas con el dedo dominan, y te acompleja pensar que puedan estar haciendo lo mismo contigo ahora. Déjame decirte que el tiempo que dedicaste a crear una fachada artificial fue en vano, porque tarde o temprano las grietas dejan ver el vacío que hay detrás.

Aún puedes volver al siglo XX. Yo, en cierto modo, también lo añoro. Pero de momento quiero quedarme con Fry. No me arrastres contigo, porque esta vez no te seguiré. Hice todo lo que puede por ayudarte, pero tal vez no me escuchaste. No te culpo, no estás acostumbrada.

Buena suerte mi querida Michelle.

Le dedico este post a mi amigo Juanlu, cuyas reflexiones desencadenaron no sólo esta, sino muchas más.

1 comentario:

Jose vi dijo...

Fantastico post, yo ya he llegado al año 3000 y comprendo bien lo que dices, todo es muy diferente a Spain..